Emigrantes

Los Emigrantes españoles

La emigración económica a Europa

La década de los 60: dos millones de emigrados

Cuando la década de los 50 avanzaba, la situación de España contrastaba fuertemente con la de los países industrializados de Europa:

Alemania, Francia, Bélgica, Reino Unido, Suiza, Holanda. La historia económica de la posguerra española

ofrecía, a grandes rasgos,

las siguientes características: política de autarquía forzosa como consecuencia del bloqueo y del aislamiento internacional; escasez generalizada

y hambres en sectores de la población paliadas; ritmo de crecimiento económico muy bajo debido a que la

producción del país era eminentemente agrícola y la industrialización se producía de manera muy lenta por la escasez de capital financiero y por las insuficiencias infraestructurales (carreteras, ferrocarriles, comunicaciones)a su vez, en esos años las tasas de crecimiento demográfico iban por delante de las tasas de crecimiento económico. En pocos años se pasó de los 28 millones de habitantes a los 31.

En esa década de los 50 se produjo un espectacular trasvase de trabajadores del campo que se trasladaron a las ciudades con sus familias. Más de dos millones de personas -concretamente 2.720.988, según datos oficiales estadísticos de la época- se trasladaron a las ciudadespara asentarse en ellas no siempre en condiciones mínimamente dignas. Aquellas migraciones internas, espontáneas y caóticas, sembraron las afueras de muchas ciudades de chabolas, viviendas hacinadas, subarriendos y paro. Fue una época dura y triste que empujó a muchos a buscar mejores condiciones de vida en la emigración a Europa. Este movimiento migratorio empujó más allá de los Pirineos a una masa de población que oscila entre el millón y medio y los dos millonesde españoles que se asentaron en varios países europeos. El flujo migratorio se intensificó a partir del Plan de Estabilización del Gobierno español del año 1959, impulsado por el equipo tecnocráticoque dirigía Ullastres, concebido como antesala de los Planes de Desarrollo, pero que forzó a numerosas empresas a cerrar o a realizar expedientes de crisis con los correspondientes despidos de trabajadores que pasaron a engrosar el paro. En los países industrializados de Europa, la coyuntura era, por el contrario, muy otra. Al término de la Segunda Guerra Mundial habían tenido que hacer frente con un enorme esfuerzo a las destrucciones de ciudades y de industrias. Los créditos del Plan Marshall y la buena capacidad organizativa de estos países –especialmente de la República Federal de Alemania- hizo que al cabo de diez o quince años ya hubieran recuperado el pulso de sus economías hasta el punto de sentir la necesidad de recurrir a mano de obra extranjera para proseguir su desarrollo. Téngase en cuenta que las bajas padecidas en la guerra habían disminuido otablemente su población activa. De modo que en esos años mientras que en España la endeble capacidad productiva arrojaba al paro a una parte de la población, en los citados países europeos se buscaba mano de obra que les permitiera seguir su alto ritmo de desarrollo, así que, dicho sea en términospopulares, se unió el hambre con las ganas de comer; «hambre» de mano de obra, y las «ganas de comer» de los pueblos del sur deEuropa, estancados económicamente: españoles, italianos, portugueses, griegos y turcos.

Las nuevas tecnologías y las técnicas de racionalización productiva incrementaban la rentabilidad de

las empresas y provocaron lo que sellamó el boom europeo. En la República Federal de Alemania el despegue fue tan espectacular que se le  llamó el «milagro alemán». Europa entraba en una era de abundancia y de prosperidad mientras que los países mediterráneos vivían años de escasez y de pobreza.Esa tensión geoeconómica alumbró los movimientos migratorios de estos países. Por lo que se refiere a España, provocó el flujo migratoriomás importante del siglo. El sector más modesto de la clase trabajadora española fue empujado por «las leyes del mercado» a cruzar los Pirineos en una incierta aventura que en muchos casos resultaría más beneficiosa para la nación de destino y para la nación de origen que parael propio emigrado. La necesidad de emigrar, sentida por los trabajadores beneficiaba obviamente al Estado, lo que transformó las opiniones y actitudes anteel hecho migratorio. Durante el siglo XIX la emigración había sido considerada un azote para la nación, por lo que suponía de pérdidade brazos, de inteligencias y de esfuerzos provechosos para la patria. Esta opinión quedó reflejada en documentos de la época.

Por ejemplo,en el Real Decreto de 18 de julio de 1891 del Ministerio de Fomento que creaba una Comisión para estudiar los medios para contenerla emigración. Ya entonces se era consciente de que la emigración acarrea un sinfín de calamidades al emigrante.

Otro documento oficial anterior, la Real Orden del Ministerio de la Gobernación de 16 de septiembre de 1853 advertía en su exposiciónde Motivos que los emigrantes se exponían a «los abusos a que suele dar lugar la codicia de los especuladores que, llevados de sórdido interés, conducen a veces a los que emigran hacinados en estrecho espacio y sin las condiciones sanitarias que el decoro, la moral y hasta la humanidadmisma reclaman». Estas opiniones oficiales en el siglo XIX habían tenido precedentes radicales en los siglos anteriores en que la emigración era consideradauna grave ofensa a la patria y estaba severamente castigada por la ley con penas de confiscación de los bienes de quien emigraba. Esas antiguas leyes fueron abolidas a principios del siglo XIX por los legisladores de Cádiz. Llegados los años 50 del presente siglo, la emigración se veía desde los ámbitos oficiales de manera muy distinta.

Una Ley de 17 de julio de 1956 creó el Instituto Español de Emigración con la finalidad de fomentar y encauzar los movimientos migratorios hacia Europa. Ahora la prosa oficial hablaba de «acción pública» impregnada de «sentido social» al estimar que «la emigración como un amplio campode posibilidades abiertas ante la libertad del individuo y, al propio tiempo, fuente poderosa de vínculos y relaciones entre pueblos puede proporcionar resultados beneficiosos económico-sociales y en otros órdenes de la vida humana, no sólo al que emigra y a sus familiares, sino en bien general de los países, tanto de origen como de establecimiento». (Exposición de Motivos de la Ley de Bases de Ordenación de la Emigración de 22 de diciembre de 1960).

El régimen franquista consideró la emigración como una válvula de seguridad ante las tensiones sociales provocadas por el paro, las huelgas y los masivos desplazamientos de las poblaciones rurales empobrecidas hacia las grandes ciudades. El hecho es que, estimulados por la necesidad de huir del paro o de un trabajo precario y unas condiciones de vida muy deficientes, y fomentado desde las instancias oficiales, entre 1960 y 1973 emigraron a Europa unos dos millones de españoles atraídos por los mejoresniveles salariales europeos.Nuestros emigrantes a Europa apuntalaron de manera importante la economía española con sus remesas de divisas, hasta el punto de Constituirse  en el segundo capítulo en cuanto a ingresos de divisas de la balanza de pagos. El primer capítulo lo proporcionaba ya en aquellos años el turismo.

España ingresó a lo largo de los 60 cerca de tres mil millones de dólares procedentes de los ahorros de los emigrantes. Este fenómeno produjo un impresionante aumento de los capitales y de la capacidad financiera de las cajas de ahorro y de algunosbancos. Hubo alguna caja de ahorros de provincia con modesta renta per cápita que adquirió una gran potencia. La de Orense, por ejemplo. Quiénes, de qué regiones, a qué países La llegada de emigrantes a las estaciones centroeuropeas es un espectáculo al que no se puede asistir  indiferente. Sea de modo individual o en pequeños grupos, sea en expediciones oficiales del Instituto Español de Emigración, la sensación que producen los hombresde aspecto campesino, con equipajes voluminosos, muchas veces con pintorescas provisiones alimenticias, es una mezcla de indefensión y fatalismo, de seguir el destino. La mano de obra a la búsqueda del amo.  

Y allí están. Si no directamente los patronos, las organizaciones estatales o paraestatales, caritativas o parabenéficas. Alguna vez las asistencias sociales se esfuerzan en repartir una sonrisa, una somera información, una taza de café caliente. Otras, las más, el desconcierto más total sumado al desconocimiento del idioma, funcionarios que les interrogan severamente, aduaneros que les confiscan embutidos y licores, revisiones médicas,  papeles que se les piden y no tienen o no saben si tienen y cuáles son. De la estación se suele pasar a las empresas, si es que el centro de trabajo se ha comprometido a suministrar alojamiento. Si es este el caso, la impresión que recibe el recién llegado emigrante no es mejor que la de la estación. Lo más probable es que vaya a parar a una residencia en una vieja casa, a barracones de aire provisional, pero que fueron construidos

hace bastantes años, o, en el mejor de los casos, a residencias de aire espartano. La precariedad,

el hacinamiento, la falta de confort y de calor  humano suelen ser características definitorias de los atributos de tales viviendas. Una vez instalado allí -y tras las amargas reflexiones que indefectiblemente debe provocar el verse embarcado en esa aventura-, está dispuesto para a lo sumo veinticuatro horas más tarde, ponerse a trabajar. A producir. 

En estos términos describía la llegada de los emigrantes españoles a Europa el periodista español Guillermo Díaz-Plaja que en 1974 estudióla situación de los emigrados españoles durante varios meses en Alemania, Francia y Suiza.

¿Quiénes eran esos miles y miles de españoles que llegaban desorientados a las estaciones centroeuropeas enfrentándose a un destino que desconocían por más que pudieran tener alguna que otra referencia de algún familiar o amigo que les había precedido? Eran trabajadores poco cualificados, de la construcción, de la industria o los servicios en pequeñas empresas o negocios familiares, o trabajadores del campo.

Gentes por lo común de bajo nivel cultural, a veces, analfabetos de deficiente formación profesional. Por lo general eran gente joven -pocos niños y ancianos, si bien progresivamente al emigrante aislado le fue acompañando toda la familia-, predominio de hombres con buena capacidad potencial de trabajo ya que se decidían a emigrar los más capaces e inquietos.El número de mujeres emigradas en la década de los sesenta no alcanza a ser el 20 por ciento, lo que contrasta con la emigración española transoceánica de comienzos de siglo que fue esencialmente familiar (43,5 por ciento de mujeres)

 

.En no pocos casos se trataba de emigrados en «segunda instancia»: no era raro que andaluces, extremeños o campesinos castellanos que habían emigrado primero a Madrid, Bilbao o Barcelona, dieran más tarde el salto a Europa. Las razones que les llevaban a la emigración eran el paro o la inseguridad en el empleo, o la precariedad derivada de un salario insuficiente o de trabajos estacionales en el campo, situaciones en las que no podían sacar adelante a sus familias. «La emigración era la única salida queprácticamente tenía el trabajador, el obrero, para poder mantener a su familia. Yo he visto llorar a un hombre a la hora del reconocimiento médico porque le dijeron que no podía emigrar porque tenía algo en los riñones», testimonia Ramón Rodríguez, emigrado a Alemania.En una encuesta que se realizó por el Instituto Español de Emigración en 1966, entre 7.000 trabajadores españoles en el extranjero, en la que se les preguntaba por las causas por las que habían emigrado, adujeron, entre otras, las siguientes:

Mejora de su salario

91,2 por 100

Para ahorrar

89,8 por 100

Por tener trabajo mal remunerado

78 por 100

Para adquirir una vivienda

65,4 por 100

Por tener trabajo eventual

58,6 por 100

Por estar en paro

47,2 por 100

Todas las respuestas son indicadores objetivos de que todos los emigrados buscaban como fin una mejora de sus condiciones laborales y económicas.¿De qué regiones procedían los emigrados y a qué  países se dirigían? Las grandes zonas migratorias eran Andalucía-Extremadura y Galicia-Asturias. Le seguían Castilla y León, Aragón y Castilla-La Mancha. A Francia se dirigieron el 48 por 100 del total de la emigración; a Alemania el 19 por 100; a Suiza, el 16 por 100; a Bélgica el 6 por 100; a Holanda el 6 por 100 y al Reino Unido el 5 por 100. Los emigrados a Suiza y al Reino Unido procedían en mayor proporción de Galicia. La emigración a Alemania se nutrió fundamentalmente de extremeños y andaluces. Los que se establecieron en Bélgica procedían sobre todo de Asturias. En Francia se instalaron emigrantes  procedentes de una mayor variedad de regiones.

Explotados y discriminados Estación de ferrocarril de Ginebra-Cornavin, 4 de la madrugada. Acaba de llegar un tren que no es como los demás: sus pasajeros descienden sin tener el aire de viajeros habituados; los equipajes son toscos bultos, excesivos paquetes y maletas; sus atuendos denotanuna procedencia meridional, sombreros, pellizas, ropa oscura, algunos llevan el traje de los domingos o el que se hicieron para la boda; forman un extraño cortejo que empieza a hablar en grupos reducidos, por pueblos, por zonas y que se preguntan recíprocamente. Se oye hablar castellano -con deje a ndaluz, extremeño, leonés-. Se escucha también el gallego y el portugués. Son, entre todos, más de un millar: acaba de llegar un convoy especial de trabajadores extranjeros a Suiza; son temporeros.  

Dentro de tres horas llegará otro; a las 10, otro. Unos, como este, procedente de Irún, Lisboa, Madrid; otros, de Barcelona, Valencia, del sur. De pronto, cuando ya algunos funcionarios civiles y de Policía habían comenzado a guiar a los miembros de la expedición hacia los locales de los primeros trámites, suenan los altavoces. En un principio nadie pone atención; entre el cansancio y el desconcierto, nadie cree que vaya para ellos. Pero poco a poco -alguien se ha dado cuenta y lo ha corrido- se empiezan a percatar de que la voz del altoparlante habla en español. ¡Les habla a ellos! Las cosas que dice dejan estupefactos a la mayoría. Se oyen ataques durísimos contra las condicionesde trabajo a que van a ser sometidos, sobre las viviendas indignas que se les van a asignar, sobre la falta de derechos de todo tipo que van a tener. Se oyen las palabras discriminación, explotación, represión. Se habla de la lucha anticapitalista a nivel internacional, de la solidaridad del proletariado y de las reivindicaciones, se invita a los recién llegados a tomar onciencia, a exigir, a rebelarse... De repente, cuando ya empezaba a convertirse el desconcierto en un cierto regocijo, cuando

ya algunos empezaban a entender, la voz altoparlante y anónima calla: ha sido interrumpida bruscamente. Esto, con todas las apariencias extrañas de un cuento de hadas, ocurrió realmente en la estación Cornevin de Ginebra. Fue en marzo de 1972, cuando un grupo izquierdista que se llama «Emigration e Impérialisme», gracias a un hábil comando consiguió introducirse en la cabina de los micrófonos y ponerlos en marcha oportunamente a la llegada de uno de los trenes de extranjeros. Sus autores fueron detenidos y tuvieron que sufrir algunas sanciones de tipo no demasiado grave. Y, por supuesto, ese tipo de acción no ha vuelto a ocurrir. La anécdota es una excepción  que por una vez hizo estallar en voz alta una serie de verdades, generalmente enmascaradas tras la apariencia de la normalidad. Ésta, de modo rutinario, consiste en la llegada del convoy, tras la que los hombres son conducidos a la Policía, aduana y más tarde a una humillante revisión médica. Después pueden ser recogidos por sus patronos y enviados a sus lugares de destino, en donde, los más lúcidos, tendrán ocasión de comprobar en su propia experiencia lo que nadie les ha dicho -lo que se dijo en voz alta una sola vez-: las condiciones deexplotación de los inmigrantes... 

Esta anécdota recogida por el periodista español Guillermo Díaz-Plaja puede servir de introducción a algunas breves referencias a las duras condiciones que todo emigrante ha debido afrontar. Los propios emigrantes eran conscientes de la explotación a que eran sometidos. En una mesa redonda publicada en 1974 en el ya citadonúmero extraordinario de Cuadernos para el Diálogo, celebrada en Bruselas, en la que participaron emigrados españoles llegados allí desde Alemania, Francia, Suiza, Gran Bretaña y Holanda, los participantes se refirieron en términos muy críticos a su situación. Ángel Enciso, emigrado en Bélgica, afirmaba:

La emigración ha sido puramente un mercado salvaje entre dos tipos de conomías capitalistas que intentan salir a flote, la una echando gente, y, la otra, cogiéndola, sin tener nada más en cuenta que esa venta, ese intercambio de gente. Es una compra y venta de un país a otro -añadía Ramón Rodríguez, obrero emigrado a Alemania- no teniendo en cuenta en absoluto que somos personas, que somos trabajadores, sino que lo único que interesa es que el capital tiene que obtener el máximo beneficio y la máxima garantía. En España dieron una solución fácil fomentando la emigración y nos exportaron. Pero hubo quien quiso importarnos: el capitalismo europeo que ha necesitado de nuestra mano de obra barata, que la puede mover de un sitio a otro, cosa que con los obreros alemanes es muy difícil de hacer.


Trabajadores españoles con sus modestos equipajes, integrantes de una expedición oficial, agrupados en el andén de la estación.Carlos Pardo, periodista emigrado a Alemania denunciaba en dicha mesa redonda que las autoridades españolas responsables de la emigración no informaban o informaban mal de las condiciones en que se hallarían los emigrados:  

Hoy todavía el Instituto Español de Emigración sigue enviando a los centros españoles, en Alemania por lo menos, unos folletos y unos pequeños libritos que titula Guía del emigrante en Alemania. En estos folletos se fomenta la separación familiar, se fomenta el que el trabajador deje a sus hijos y a su familia en España; y se fomenta esto por el hecho de que así el trabajador sigue enviando dinero a España. También hay que constatar que hasta hace muy poco en los contratos de trabajo que se daban a los trabajadores españoles en Madrid, en España, para poderse desplazar a Alemania, se hablaba de un salario bruto y luego le descontaban entre el 25 y el 30 por 100 para los seguros sociales, impuestos para el Estado, impuestos eclesiásticos, etc. O sea, que este hombre al llegar a Alemania a la hora de cobrar, en vez de cobrar 800 marcos, por ejemplo, cobraba 560 y este hombre se cabreaba diciendo que le estaban robando. ¿Qué pasaba? Últimamente y después de muchas protestas, se ha modificado esta situación y en los contratos se incluye una frase que dice que del salario se descontará el 25 o el 30 por 100. Un último ejemplo, la Ley de Extranjeros: ninguno de los trabajadores extranjeros que llegábamos a Alemania sabíamos que existía en el país una Ley de Extranjeros que protege al Estado contra el trabajador extranjero -que tendría que ser al contrario, pero que es así-. Según esta Ley el trabajador extranjero no tiene ningún derecho, los derechos los tiene solamente el Estado. Por esa Ley resulta que un trabajador en cualquier momento puede tener que abandonar el país. Esto nadie se lo dice al emigrante y entonces viene y dice: yo pienso organizar mi vida en Alemania, formar un hogar, etc.; pero él no sabe que le falta la base jurídica para eso. La falta de información por parte de las autoridades administrativas es gran culpable del desconcierto, de la inseguridad o la inquietud en la cual vive el trabajador español en Alemania en la emigración.

Además de estas deficiencias informativas ocurría entonces que el régimen político español, la dictadura del general Franco y la Administración española, eran mal vistas por las democracias europeas lo que impedía la conclusión de acuerdos internacionales que garantizasen un nivel razonable de protección a los emigrantes. El emigrante español sumaba a su dura condición, la de ser miembro de un país desprestigiado, lo que le suponía una mayor desprotección.

 
Salida de emigrantes hacia Bélgica.

>>

El difícil retorno. Los que se quedan.

En las emigraciones de comienzos de este siglo, los españoles que se iban a América lo hacían con la

intención de establecerse allí indefinidamente  o con la idea de volver triunfantes, al cabo de muchos años. Los emigrantes de los años 60 a Europa veían en cambio la emigración como un remedio inmediato a sus problemas económicos y laborales que esperaban dejar solucionados en pocos años mediante el ahorro que les permitiría comprar el piso que anhelaban o establecer el pequeño negocio que les diera para vivir. El retorno ha sido, y lo sigue siendo, la más profunda aspiración de los emigrados a Europa. Para hacerlo pronto posible ahorrarán hasta límites inverosímiles.  

Hablar de ahorro emigrante es hablar de una voluntad férrea que impone unos modos de vida de una austeridad impresionante. Comprendiendo que a mayores restricciones de gastos, a mayores privaciones, el nivel de ahorro sube y el periodo de permanencia baja, yo he visto en la emigración -escribe Díaz-Plaja- a muchos, muchísimos hombres que llevaban una existencia mucho más precaria de la que han abandonado en sus lugares de procedencia. Y esto durante periodos de tiempo bastante prolongados. Separaciones familiares durísimas -mujer e hijos a los que se ve solamente una vez al año- vivienda forzosa o voluntariamente reducidas a niveles ínfimos, por no decir infrahumanos, régimen alimenticio frugal, rozando el mínimo de calorías necesario para hacer frente a la fatiga y al clima, ausencia de consumo y caprichos -tabaco, alcohol, bebidas, cine, etc.-.

 

 


La dura realidad terminaba imponiendo a la mayoría de los emigrados el permanecer más tiempo del que

 inicialmente pensaban. Porque se producía un desajuste entre lo que pensaban ahorrar y lo que realmente podían ahorrar. O porque una vez ahorrado lo necesario para comprar un piso en España, se daban cuenta de que con sólo resolver el problema de la vivienda, no por ello ya podían retornar. Necesitaban también encontrar un trabajo o poder montar un pequeño negocio (una tienda, un taller, un taxi, un bar, un terreno, comprar ganado...). Incluso ocurría

que algunos que retornaban, al cabo de poco tiempo tenían que volver a la emigración renunciando por otra temporada a su más íntimo anhelo. Según una encuesta realizada por Data S. A. en mayo de 1986, cuando ya una parte de los emigrados durante la década de los 60 había regresado, el 64 por 100 de los españoles en Europa se declaraban decididos a retornar a España. El 36 por 100 declaraban no haber pensado en el regreso. De los decididos a retornar el 55 por 100 habían comprado ya un piso en España, el 44 por 100 enviaban dinero a su familia, el 18 por 100 habían comprado tierras o ganado en España, el 18 por 100 estaban buscando trabajo en España, el 8 por 100 habían comprado algún negocio en España y el 20 por 100 no hacían ninguna de estas cosas. La decisión de  regresar a España se manifestaba con más constancia en los emigrantes que residían en Alemania y Suiza, donde la integración y el conocimiento del idioma presenta mayores dificultades.

 

 

Los emigrados que expresaban menos deseos de regresar eran los que residíanen Francia. La viabilidad

del retorno dependerá siempre de la unidad familiar, de la actitud de los hijos, la segunda generación, por lo común más i

ntegrada en el país de acogida, y, desde luego, dependerá de las posibilidades reales de encontrar un trabajo en España. A partir del año 1974 y hasta 1980 la crisis derivada del encarecimiento del petróleo redujo progresivamente las salidas y alentó los retornos de emigrantes que de nuevo se incrementarían a finales de los 80 hasta el momento actual. A finales de 1993, la población española que vive en Europa ascendía a 551.451 personas, de las que 430.000 residen en países de la Unión Europea. Estos emigrados no responden ya, en su inmensa mayoría, a la vieja imagen del emigrante esperando el tren o el barco junto a una vieja maleta atada con cuerdas.

La protección de los emigrados Por otra parte, a partir de la Constitución española de 1978 que responsabiliza al Estado de velar especialmente «por la salvaguardia de los derechos económicos y sociales de los trabajadores españoles en el extranjero» y de «orientar su política hacia su retorno» (artículo 42), se establecieron diversos mecanismos de protección social de los emigrados y refugiados: convenios  bilaterales de Seguridad Social con los países iberoamericanos, asistencia sanitaria, programas de vacaciones del Inserso, pensiones asistenciales, pensiones e indemnizaciones derivadas de la Guerra Civil, o en favor de quienes sufrieron prisión durante el franquismo por actuaciones de intencionalidad política, programas de apoyo a los retornados... Todo un racimo de actuaciones con las que el régimen democrático,  a pesar de los recursos siempre limitados, ha afrontado la deuda histórica que la sociedad española tiene contraída con sus emigrados y exiliados. Mientras permanecen en la emigración, dispersos por Europa y por América y otros continentes, cerca de 1.200.000 españoles (551.451 en Europa; 596.148 en América; 7.511 en África; 2.723 en Asia y 16.269 en Oceanía). en la década de los 70 se ha invertido la tendencia en España, que de ser un país de emigrantes ha empezado a ser un país de inmigración.  En 1980 la población extranjera en España ascendía a 182.000 personas, cifra que en 1990 había superado las 400.000. A ese número habría que sumar los ilegales que podrían superar los 200.000, aunque es difícil fijar una estimación.

 

 

ESTADISTICAS DE ESPAÑOLES EN HOLANDA

Se ofrecen los datos oficiales por provincia, sexo y edad.

<<

Población española en los Países Bajos y su ubicación geográfica

Con respecto a los datos sobre población española nos encontramos con diferentes cifras, dependiendo de

la definición de “extranjero”

que la Oficina Central de Estadística aplica desde 1999, y de si el mismo pertenece a la primera o a la

 segunda generación (ver definiciones

en las tablas que se facilitan más adelante). Los datos que aquí publicamos proceden de la Oficina

Central de Estadística de los Países Bajos

y son los disponibles al 1 de enero de 2006.

1ª generación de españoles al 1 de enero de 2006

Provincia

Hombres

Mujeres

<15 años

15-30 años

30-45 años

45-65 años

>65 años

Total

 

 

 

H

M

H

M

H

M

H

M

H

M

 

Groninga

116

113

5

6

56

51

28

34

18

18

9

4

229

Frisia

59

71

9

4

20

20

11

32

14

11

5

4

130

Drenthe

42

41

3

2

4

6

12

16

19

15

4

2

83

Overijssel

422

335

11

9

63

60

95

99

149

115

104

52

757

Flevoland

158

176

21

15

37

30

48

83

46

42

6

6

334

Güeldres

644

632

28

20

145

202

163

186

230

184

78

40

1.276

Utrecht

580

774

42

35

119

205

161

267

161

202

97

65

1.354

Holanda Sept.

2.386

2.603

129

134

405

479

783

1.022

750

757

319

211

4.989

Holanda Merid.

2.396

2.662

128

124

415

474

634

947

801

862

418

255

5.058

Zelanda

69

68

5

8

8

14

21

18

28

22

7

6

137

Brabante del Norte

1.120

987

54

52

172

176

252

369

484

317

158

73

2.107

Limburgo

421

359

26

18

56

69

93

122

170

100

76

50

780

TOTAL

8.413

8.821

461

427

1.500

1.786

2.301

3.195

2.870

2.645

1.281

768

17.234

 

1ª generación = Personas que han nacido en el extranjero y también lo ha hecho al menos uno de sus padres

2ª generación de españoles al 1 de enero de 2006

Provincia

Hombres

Mujeres

<15 años

15-30 años

30-45 años

45-65 años

>65 años

Total

 

 

 

H

M

H

M

H

M

H

M

H

M

 

Groninga

85

77

39

32

27

23

18

19

1

3

0

0

162

Frisia

75

59

36

26

17

19

16

14

5

0

1

0

134

Drenthe

52

53

16

19

25

18

10

14

1

0

0

2

105

Overijssel

399

369

97

100

145

141

154

127

3

1

0

0

768

Flevoland

198

182

79

67

63

63

54

50

2

1

0

1

380

Güeldres

503

484

193

181

176

165

130

132

4

6

0

0

987

Utrecht

538

553

214

198

172

187

143

157

9

9

0

2

1.091

Holanda Sept.

1.883

1.794

656

699

657

583

529

460

36

44

5

8

3.677

Holanda Merid.

2.140

1.992

709

646

761

670

631

625

32

45

7

6

4.132

Zelanda

63

52

15

16

25

15

20

20

3

1

0

0

115

Brabante del Norte

854

844

316

269

308

317

218

245

12

12

0

1

1.698

Limburgo

384

374

111

117

148

115

125

138

0

4

0

0

758

TOTAL

7.174

6.833

2.481

2.370

2.524

2.316

2.048

2.001

108

126

13

20

14.007

 

2ª generación = Personas que han nacido en Holanda y al menos uno de sus padres lo ha hecho en el extranjero. 

1ª y 2ª generación de españoles al 1 de enero de 2006

Provincia

Hombres

Mujeres

<15 años

15-30 años

30-45 años

45-65 años

>65 años

Total

 

 

 

H

M

H

M

H

M

H

M

H

M

 

Groninga

201

190

44

38

83

74

46

53

19

21

9

4

391

Frisia

134

130

45

30

37

39

27

46

19

11

6

4

264

Drenthe

94

94

19

21

29

24

22

30

20

15

4

4

188

Overijssel

821

704

108

109

208

201

249

226

152

116

104

52

1.525

Flevoland

356

358

100

82

100

93

102

133

48

43

6

7

714

Güeldres

1.147

1.116

221

201

321

367

293

318

234

190

78

40

2.263

Utrecht

1.118

1.327

256

233

291

392

304

424

170

211

97

67

2.445

Holanda Sept.

4.269

4.397

785

833

1.062

1.062

1.312

1.482

786

801

324

219

8.666

Holanda Merid.

4.536

4.654

837

770

1.176

1.144

1.265

1.572

833

907

425

261

9.190

Zelandia

132

120

20

24

33

29

41

38

31

23

7

6

252

Brabante del Norte

1.974

1.831

370

321

480

493

470

614

496

329

158

74

3.805

Limburgo

805

733

137

135

204

184

218

260

170

104

76

50

1.538

TOTAL

15.587

15.654

2.942

2.797

4.024

4.102

4.349

5.196

2.978

2.771

1.294

788

31.241

1ª generación = Personas que han nacido en el extranjero y también lo ha hecho al menos uno de los padres.  
2ª generación = Personas que han nacido en Holanda y al menos uno de sus padres lo ha hecho en el
extranjero.

  

 

Nuestro amigo Gallego

“Tres millones de españoles viven lejos de
la patria. Muchos de ellos en gallineros
europeos”.

Centos, miles de galegos
foron a buscar o pan,
fóra, lonxe de Galicia,
que perto xa non o hai;
que toda a fariña nosa
non se sabe para quen vai.
Centos, miles de galegos
empuxados a emigrar,
hoxe viven coas galiñas
porque outra casa non hai
en París, Xenebra, Hamburgo,
en ningunha capital.
Nun galiñeiro de Europa,
Galicia, tes o teu Lar.
¡Poñamos un galiñeiro
na bandeira de Breogán!
Son boa xente as galiñas,
mellor que moitos irmáns:
súa merda é menos merda
se vos poñedes a pensar.
E sendo veciños delas
poderannos crecer ás.
Tataranetos de condes
¿saberán tatarear
sobor dun pau europeo
os fillos de Breogán?
¿Saberán cacarear
estes galegos de hoxe,
botados por seus irmáns
os banqueiros e almirantes,
os xuíces e os capitáns?
¡A Patria éche un galiñeiro,
en terra allea, pra máis!
¡E mellor que ser galego
ser porco, cabalo ou can!
Nun galiñeiro de Europa
Galicia, tes o teu Lar.
¡Poñamos un galiñeiro
na bandeira de Breogán!
E cada Casa Ilustre
de Galicia, de hoxe en máis,
poña merda de galiña
no seu brasón galiñán.
Mais ouvide ben o galo,
señoritos galiñáns:
un día ou outro, moi cedo,
¡outro galo cantará!
 



 

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